

En la situación en la que yo he nacido y en la presente, conocemos y juzgamos según los prototipos de belleza preestablecidos, en algunos casos podríamos decir impuestos. Si pensamos en una mujer bella, pensamos en una chica joven, alta, delgada, con unos dientes blancos y perfectamente colocados, la piel impoluta, que nos transmite frescura por cada poro de su cuerpo: como si acabara de “salir de la ducha”.
Y es en el momento en el que nos fijamos en las revistas, pasarelas o escaparates de las tiendas cuando nos damos cuenta de que nuestros ideales de belleza están totalmente deformados, e incluso podríamos decir que estos cuerpos son prácticamente imposibles de conseguir partiendo de una vida sana.
Observamos entonces esta campaña de Sisley, en la que nos encontramos a estas dos jóvenes: delgadas, podríamos decir que están huesudas, hasta nos atreveríamos a inventar que tienen algún tipo de trastorno alimenticio, y no solo eso, sino que su pálida cara transmite un estado de embriaguez, o de estar bajo los efectos de alguna droga (en la segunda gráfica).
Y mi cuestión viene en el momento en que comienzo a plantearme los valores que la marca Sisley quiere transmitir a sus clientas con estas dos fotografías, que además llevan el eslogan de Fashioin Junkie, o Drogadicto de Moda en castellano.
El caso es que la lectura de este tipo de publicidad es muy subjetiva, ya que por otra parte, partiendo de unos ojos inocentes y con humor, diríamos que, según esto, hay muchos jóvenes, y no tan jóvenes, en nuestro planeta, los cuales están adictos a la moda y a sus tendencias, que quieren tener el último par de zapatos de Alexander Mcqueen, o uno de los bolsos de la nueva colección de Louis Vuitton. Tanto esta lectura, como la anterior, tendrían que ser válidas, y al fin y al cabo, se trata de una campaña transgresora, con el fin de llamar la atención, y yo creo que lo ha conseguido.
